lunes, 23 de noviembre de 2020

El informe Chinochet

Mucho se conoce de la historia de fuga de Fujimori, pero no se habla en igual medida de su intento de regreso al país. Su intento de volver al Perú y su captura en Chile son, precisamente, los momentos que este libro del investigador Carlos Meléndez explica de manera detallada.

¿Por qué salió Fujimori de la comodidad de Japón? Esa es una pregunta que con seguridad muchos se han hecho y la única respuesta plausible es que Fujimori subestimó las fuerzas que tendría que enfrentar y calculó mal —o mejor dicho sus asesores calcularon mal— la protección que podría conseguir en el país sureño. Aunque, claro, no hay que dejar de lado la necesidad del expresidente de volver a sentir algo de ese poder que había dejado atrás.

Meléndez explica quiénes fueron sus colaboradores más cercanos —incluyendo a su esposa japonesa, Satomi Kataoka— y el rol que ellos tuvieron en el tránsito de Fujimori hasta Santiago de Chile. También repasa al otro bando, al de los políticos y abogados peruanos que buscaron desde un principio capturar a Fujimori, aunque sus esfuerzos —a decir de los argumentos presentados por Meléndez— no tuvieron mayor éxito sino hasta que el propio Fujimori salió de la seguridad del Japón y se aventuró al Chile de Michelle Bachellet, una gobernante hija de una víctima de la dictadura de Pinochet y defensora de los derechos humanos.

¿Por qué el libro lo llama “Chinochet”? En realidad, el texto señala que fue un periodista chileno el que le preguntó a Fujimori si «¿se llamaría Chinochet si fuera presidente otra vez?», recordándole además que el propio Fujimori se había autodenominado así en algún momento. Ese símil probablemente fue uno de los factores que determinaron su destino.

El libro se lee de forma ágil y es corto: solo tiene 124 páginas; aunque sí contiene abundantes pies de página, como una tesis. Su lectura es recomendable.

domingo, 24 de mayo de 2020

Por los caminos de cien años de soledad

Este libro de Satoko Tamura me llamó la atención porque lleva por subtítulo “un cuarto de siglo con Gabriel García Márquez”, es decir, provenía de alguien que había conocido durante mucho tiempo al autor y ganador del Nobel. Y no era una exageración.

Tamura sostiene que conoció a García Marquez casi por casualidad 25 años antes de escribir el prólogo de su libro, es decir, aproximadamente en 1987 —si hacemos el cálculo en base a la primera edición japonesa—. En realidad, un amigo suyo era el que deseaba entrevistar al escritor y deseaba que ella le ayudara con las coordinaciones y le acompañara como intérprete. Pero un inconveniente de su amigo le impidió ir. Ella si fue y se hizo rápidamente amiga de García Márquez, y de su familia.

Esa amistad le sirvió para conocer de cerca al autor de Cien Años de Soledad y reconocer en la vida de García Marquez partes que habían sido trasladadas a su famosa novela, aunque adornadas por el realismo mágico de la obra.

Y quizás ese sea el punto principal del libro, nos ayuda a reconocer en la vida del autor la materia prima que utilizó para crear Macondo y a todos los sorprendentes personajes que pueblan sus calles. La historia de Macondo y de la familia Buendía es la historia del pueblo de García Marquez (Aracataca), de la región en la que vivió (Magdalena) y de los propios familiares del autor.

En la casa de García Marquez se puede reconocer la casa de los Buendía y sus tías, abuelos y demás parientes son la moldura de la cual se sacó a los personajes de la novela. Además, como señala Tamura, la historia de Colombia también se encuentra reflejada en la novela.

La autora del libro llama a su libro “Por lo caminos…” porque eso hace: viaja por los caminos que llevan al pueblo de García Márquez y en ellos reconoce las tradiciones regionales que han servido para armar el mundo real maravilloso de Macondo. Las leyendas propias de los pueblos colombianos se reconocen en las partes mágicas que ocurren en “Cien años de soledad”.

Antes pensaba que a García Marquez se le había ocurrido todo lo que pasó en Macondo, pero al leer a Tamura me pude dar cuenta que la genialidad de García Marquez se basa en su capacidad para hilar toda una historia completa a partir de sus recuerdos familiares, cuentos regionales e incluso la propia historia de Colombia.

El libro con sus 295 páginas es de lectura ágil, aunque puede parecer un poco repetitivo cuando al leerlo se compara, una y otra vez, tal lugar de Colombia con algún lugar en la novela, o que tal familiar de García Marquez es tal personaje en la novela. Sin embargo, el libro es revelador y se recomienda su lectura —por supuesto— luego de leer “Cien años de soledad”.